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Hermanas Misioneras de San Columbano

Un testimonio de solidaridad en Ica

Por Brígida Sullivan - 10 Mayo 2008

Terremoto en Ica - Caserío de San Martín.

Caserío de San Martín: Una niña en medio
de su casa destruida.

Ica sufrió un desastre a causa de un terrible terremoto que asoló a este pueblo en agosto de 2007. Este desastre dejó en la calle a miles de familias, muchas casas se derrumbaron, muchas vidas se perdieron, pero lo que no se perdió fue la profunda fe de este pueblo, ni el autentico amor al prójimo -que surge con más fuerza en los momentos de mayor necesidad-, ni la actitud solidaria con quienes lo habían perdido todo, ni la esperanza, ni la confianza de renacer de los escombros. Todo esto lo pudimos descubrir las Hermanas de San Columbano, testigos de este desastre, pues tenemos una misión en el caserío de San Martín de Porres, cercano al centro de la ciudad de Ica.

Ya pasó el tiempo de emergencia, el énfasis está en la reconstrucción y nosotros también quisimos contribuir con “un granito de arena”. Por ello, buscamos con la ayuda de nuestros agentes pastorales a los más necesitados de cada manzana. Formamos comisiones para verificar el grado de necesidad de cada familia en varias manzanas. En verdad todos tenían múltiples necesidades.

Terremoto en Ica - Caserío de San Martín.

Pobladores del caserío de San Martín, se
solidarizan con los más necesitados.

Después de una semana de búsqueda en una manzana, regresaron dos jóvenes con  nombres de nueve familias que vivían en extrema pobreza, literalmente habían perdido todo y por lo tanto necesitaban con urgencia ayuda. Sin embargo no era posible atender a las nueve familias, los recursos permitían atender a lo sumo a dos familias.

Para llegar a una solución, los dos jóvenes invitaron a las familias a una reunión para ver que podían hacer. En la reunión, un representante de cada familia presentó su situación y escuchando a todos, los representantes votaron por la familia, que en su opinión era la más necesitada entre las nueve.

Finalizada la votación, salieron dos familias seleccionadas. Luego de la elección pensábamos, cual sería la actitud de las otras familias. Tal vez se quedarían molestas o disconformes por el resultado, o abandonarían inmediatamente el local muy descontentas y sin ánimos de nada.

Sin embargo, para nuestra sorpresa, sucedió todo lo contrario y en verdad fue muy agradable ver a todos los presentes en la reunión ponerse de pie y aplaudir con mucha alegría y entusiasmo a las dos familias elegidas. Era emocionante ver con que espíritu se acercaban para felicitarlos por haber sido elegidas. Fue un momento hermoso y lleno de enseñanza, en el cual descubrimos esa actitud solidaria de un pueblo que desde su urgente necesidad se olvidaba por un momento de su propia situación de pobreza para compartir la alegría de sus vecinos.

© Hermanas Misioneras de San Columbano

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