Por Hna. Joanna Kupra - 08 Enero 2009
Durante mis más de 34 años de vida en Perú, ha sido un gran privilegio y alegría para mí compartir la vida de las personas con capacidades diferentes. En un inicio hubo muchas frustraciones debido a mis dificultades con el idioma y a las costumbres de las personas.
En mi experiencia de trabajo como terapeuta ocupacional, he sido testigo de familias que esconden a sus niños a causa de sus capacidades diferentes o retardos. He trabajado con ellos en equipos o talleres de adaptación para lograr su re-inserción en la sociedad.
Junto al grupo Fraternidad Cristiana de Personas con Capacidades Diferentes, empecé a sentirme parte de ellos al ir conociendo a cada uno como una persona especial. En la Iglesia hemos disfrutado juntos de momentos de alegría y celebración en nuestras vidas.
Lo mejor de todo es que ellos han aprendido a aceptarse a sí mismos y a los demás sin importar cuál sea las limitaciones físicas que tengan y haciendo que se sientan bienvenidos. Aprenden a ser responsables de sí mismos y de su desarrollo estando al servicio del grupo. Después de algunos talleres de liderazgo han sido capaces de reemplazarme en algunos de los trabajos que realizo. En cada encuentro son ellos quienes toman la iniciativa de guiar la reflexión o el tema.
También tenemos un taller donde ellos aprenden diferentes oficios, siendo capaces de fabricar sus propios artículos y luego buscan mercado para vender sus trabajos.
Con el pasar del tiempo, al ir creciendo y madurando, también fui envejeciendo y viendo disminuida mi salud, y soy una más de ellos con mis propias limitaciones.
Ha tomado muchos años llegar a este punto y siento que valió la pena, es una bendición lograr ver el fruto de nuestro trabajo.
Si deseas conocer más de nuestra congregación y profundizar tu vocación escríbenos.
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