Por Hna. Elena Rabbitte - 10 Enero 2009
Alo largo de los años que he vivido en el Perú, he tenido la oportunidad y la alegría de compartir la Palabra de Dios y acompañar a la gente en varios lugares. Hace muchos años que empecé en Condevilla - Lima, después me fui a Recuay - Ancash y ahora estoy en San Martín - Ica.
En la Comunidad de San Martín vivimos tres hermanas: Brigida Sullivan, Bridie Lough y yo. Con mucha alegría y ánimo compartimos las diferentes tareas pastorales. Mi misión consiste en acompañar al grupo juvenil y a los jóvenes que se están preparando para recibir el sacramento de la Confirmación. También visito a los enfermos en el hospital Regional. Allí me encuentro con pacientes que en su mayoría vienen de lugares lejanos y que viven en situaciones de extrema pobreza.
Una de mis pastorales preferidas es la celebración de la Liturgia de la Palabra, los días domingos, y la otra es el acompañamiento al grupo Bíblico. Estos son momentos que me llenan de mucha vida y energía. ¡Qué lindo es ver a los participantes compartiendo sus vidas a la luz del Evangelio!
La Señora Julia es una de las más fieles del grupo. Ella es una mujer extraordinaria, porque a pesar de trabajar en el mercado vendiendo los emolientes que prepara en la madrugada se da el tiempo de visitar el Hospital Regional de Ica, todos los días miércoles de 4:00 a 6:00 p.m., con la señora Primitiva. Un gran testimonio de su amor y entrega a los enfermos es cuando nos cuenta de la alegría y emoción que sienten al compartir una Palabra de Dios o una canción con los enfermos.
A raíz del terremoto, acontecido el 15 de agosto del 2007, se ha incrementado el número de personas que vienen para conversar y contar sus problemas. La gran mayoría han perdido sus casas y todos sus bienes, pero su fe y esperanza siguen intactas. Ha transcurrido más de un año desde el terremoto y sin embargo en San Martín son pocas las familias que han recibido el bono de ayuda de parte del Estado.
Gracias al apoyo de muchos bienhechores, en diferentes partes del mundo, tuvimos la posibilidad de ayudar a algunas familias en la reconstrucción de sus viviendas. A pesar de la frustración que sentimos de no poder llegar a todos fue una alegría experimentar gestos de solidaridad de parte de los vecinos y su optimismo por salir adelante.
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