Hna. Mary Neylon en misión
de Huaycan – Lima.
Fue su fidelidad a la Iglesia y a sus enseñanzas lo que ocupó un lugar muy importante en la vida del Padre John Blowick y en todo lo que enseñaba. Todo esto se manifestaba en su deseo de salir en misión y compartir su fe con los demás. Por eso la invitación de Jesús: “Vayan a anunciar a todos los pueblos La Buena Nueva”, lo cautivó e impulsó.
Hoy, las Hermanas de San Columbano, con mucha fe y confianza en Dios, e Inspiradas por el Carisma de nuestros fundadores, seguimos llevando la Buena Nueva a los más necesitados y marginados.

Para cumplir esta invitación de Jesús nuestros fundadores nos han dejado una gran herencia de lo que debe ser la esencia de nuestra espiritualidad. El texto que les inspiró fueron las palabras de Jesús en su despedida a los apóstoles en la Última Cena “Les doy este mandamiento nuevo: que se amen unos a otros. Ustedes se amarán unos a otros como yo los he amado. Así reconocerán todos que ustedes son mis discípulos; si se tienen amor unos a otros.” Este amor se manifiesta en el enorme privilegio de llamarnos hijos e hijas de Dios. “Y eso es lo que somos.”
Nuestra espiritualidad se alimenta y se fortalece en:
Además, la inserción y el compartir con los pueblos en que trabajamos nos permite encontrar al Dios que siempre camina con su pueblo. Este acercamiento con el pueblo enriquece, fortalece y da un profundo sentido a nuestra espiritualidad.
La oración y el encuentro con los demás son los pilares de nuestra vida y no se pueden desprender.
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